12.27.2015

DRAFT 30.8.15

No comments:
I am bluer
than friday night thoughts,
these fridays on your flat
gazing doors and hands.
i'm a self portrait
of decadence,
helpless convenient traits.
i'm dangerous
and ravenous

as late night howls,
and i've been awaken
for four days
in a round.
i know that's just the way,
i don't want to feel
the ground.
i don't want to hear
the crash,
the train over the rails,
the sadness in the rain,
was that a flash?
because
heartless corpses
never fall apart.

4.22.2015

Quimera

No comments:
Y por dentro seguiré diciéndome que no soy más que aquello que temí desde mi más temprana adolescencia. Que si dejo a alguien indiferente es más por ignorancia que por mi capacidad; la de verdad, digo. Una quimera. Se me separan los párpados a duras penas, me pesan. Se me disparan la tensión y los latidos bajo la epidermis. Se me va, muy a ratos, las ganas de salir a la calle y de siquiera acercarme dentro de dos días a examinarme. Se me van las manos con las dosis, a veces.
Se me va el té, se me van los antojos, se me van las sonrisas con Adrián, con él sí que me quiero más a menudo. Pero no es más que un estadio temporal y ficticio, una plataforma a doscientos kilómetros de la realidad en la que puedo descansar, por un momento, de mi propio yo. Y sin embargo sigue siendo otra mentira que me creo, como tantas excusas que quise creerme con tal de no admitir que, bueno, qué más, que la mediocridad me envuelve con su magnetismo. 
Siento repetirme desde hace meses, sobrepasando el año. El diagnóstico estaba claro desde antes del primer amor, sin extrañezas, sólo que en su entonces resultaba más fácil de llevar, como el sudor se llevaba los kilos con cada pisada. Los mordiscos al aire y la piel. Los dedos rasgando más que acariciando. La doble visión, el caleidoscopio automático. Yo decía sonríe, y sonreía sincera. Yo decía aguanta, y el alquitrán me cubría los huesos. 
Se me iba el té, el café, el tiempo. El tiempo con el que llegaron los suspensos, y me convertí en quimera. En el desastre. En el monstruo. 

22 de Abril de 2015.

3.26.2015

Agua

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De nuevo aquí, de nuevo frustrada. De nuevo de bruces contra la realidad de ser lo más despreciable. ¿Dónde está el autocontrol? ¿Dónde la autocrítica? ¿Dónde las matrículas y abrocharme el pantalón? Desdén emocional de primer grado, del primero de los escaños de depresión. Me siento tan sucia como en un pozal de lodo, ahogada por el asco y el deseon de ser una versión mejor de mi persona. Pero nada más lejos (de nuevo) de la realidad. Lo he intentado, han sido meses difíciles. Enbutirse como cuando rondaba los catorce en un bañador, y echar a hacer largos. Echar a nadar como si no hubiera más que hacer en el resto del día. Besar como si las condiciones de contorno no fueran, digamos, más problemáticas de lo que imaginaba. En este despeje pseudo-retrospectivo de la autoestima de apenas noventa días. Razonamientos estúpidos, como estúpida que soy. 
Estúpida e ilusa, estúpida y decadente, condescendiente, ausente, astringente hasta la médula. Estúpida porque no podría ser más repulsiva, física y mentalmente. Me doy asco y no sé quitármelo de encima, aunque sepa la solución. 
Ojalá pudiera arrancarme
el estómago
las ojeras
la incapacidad mental
la gente que me odia
y él me odia, y me odia, y me odia.
Y es cierto que no hay más desprecio que no hacer aprecio, porque es de continuo. Es intentar reabrir las ventanas con la corriente en tu contra. Podría ser peor, sí, supongo, podría escupirme. Podría escupirme y apenas me apartaría. Porque en fin, me lo merezco. No por el daño ajeno, no. De eso aún soy consciente, gracias al cielo.
Sino por el daño interno. El del alma. El de los gritos desgarrándome cada una de mis fibras.
Porque ojalá, ojalá, ojalá
Ojalá no fuera yo.

12.16.2014

Y me hieres como imán

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Caronte de amor. Caronte de sentimiento, más allá de lo epitelial, de lo míseramente carnal.
Vuelvo a perderme en la rutina de lo imposible. Un día más, y van sumándose a semanas, que prefiero dejar a un lado besarte con algo de intensidad. El "dejarse llevar". Es escuchar esa expresión y se me eriza el vello de la nuca, y no precisamente por la excitación. No al menos la sexual. 
Me escondo tras las incontrolables respuestas fisiológicas, los cambios de humor de varios meses, un tiempo atrás. La hemeroteca de los recuerdos auxiliares, nunca queda de más. Gracias, memoria. Gracias, experiencia de mierda.
Vivo en una película, en un libro, en una fantasía. ¿En algún otro momento, después del final, pude rozar lo imaginario y sentir así de real la electricidad? Lo que en Mayo me resultaba un absurdo, lo majestuosamente incomprensible, ahora me duele hasta la médula. El dolor vacío, el eco de las cavernas sedientas de alimento. Me ruge el estómago en la clase de Matemáticas. Ansiedad, ansiedad. Que no lo escuche nadie, por favor. Que nadie sepa de este hambre, susurro hacia mis adentros mientras presiono con nerviosismo el vientre. Las transformadas y demostraciones bailan unas polkas excéntricas, me cuesta seguir sus pasos. Suenan los chasquidos de mis razonamientos, arrastrándose, costándoles seguir la marcha. Al menos ya es algo, la mayoría están perdidos bastantes párrafos más atrás. Pero ahí estoy, ahí sigo con mi marcha. La notación es un puente, la notación es un puente. La integral es la pértiga, la transformada... 
Y me desvanezco, me deshago por varios y largos minutos. 
No tengo azúcar, no, no funciono, me voy. Me voy. 
Eco. Me voy.
Me voy.
Y me voy.
Con el pensamiento agarrado entre dientes y el deseo ferviente de que nadie, repito, nadie se percate de nuevo del estrés, corro hacia la biblioteca. Sacar fuerzas de la bilis, el jugo pancreático, el quimo y el quilo. ¿No hay vísceras suficientes para alimentar este delirio mental? Adrián comentó que sobre las cinco y media estaría guardándome un sitio, justo en el tercer piso de la Central. Tras un fin de semana de intenso estudio, de jornadas que excedían las doce horas de entrenamiento y memorización, alargar el paseo entre diapositivas y libros no era más que una parte esencial de esta nueva rutina de trabajo. Meto la mano en el bolsillo para sacar los auriculares. Toundra es un grupo genial, tengo ganas de dedicarle un rato a sus discos. Vaya, una luz roja. Eres tú. Esperaba una sonrisa, pero mía. Supongo que luego. En fin.
Subo las escaleras con ávido deseo de empezar, primero de uno en uno, luego a pares. Las mesas están abarrotadas y algunas de ellas cubiertas de agua por las goteras. Algunos estudiantes han sacado chubasqueros y los han extendido sobre los pupitres con la esperanza de que solucione el estropicio. Pobres ilusos, divago mientras dejo la tableta en uno de los cajones, dispuesta ahora sí a estudiar. Me sumerjo en el ácido de las ecuaciones Termodinámicas, los aceros y la conductividad. La zona de comfort. Donde nadie me puede dañar.
Y entonces.
Entonces él, después de tantas semanas. El corazón me da un vuelco. Se me colapsa el pensamiento, los procesos mentales entrecruzan y salta el instinto de supervivencia. No. No es posible, no puede ser.
Se para el tiempo en la clepsidra de mis lágrimas.
Despeinado, con los ojos delicados, ligeramente rasgados, y esa barba descuidadamente arreglada que, vete tú a saber por qué, me llama tanto la atención. El jersey que me hubiera comprado hace tres semanas en la casa de segunda mano, ahí en la ciudad vieja, y los pantalones oscuros de piel de plátano. Apoyado sobre la silla, en una actitud despreocupada y sobre una parka, bastante ordinaria, escucha seguramente una de esos estúpidos y a veces insoportables recopilatorios de música independiente. O quizás, bueno, ¿por qué no?, estará probando con algo de shoegaze, incluso experimental. Porque me gusta pensar que compartimos ciertos gustos, y que no es un mero producto de mi imaginación esta conexión que siento con él, ese lazo de atracción que me tiene magnetizada. Los latidos suenan desbocados y con ellos los pensamientos. Me siento confusa, sin saber qué sentir. Exacto, es eso mismo. No sé qué pensar porque no encuentro cómo sentirme. Ojalá me mirara. Ojalá se diera cuenta de que llevamos, bueno, sí, meses encontrándonos por casualidad. Hemos coincidido tantas veces que considero la causalidad, el salto mortal hacia la fe. Pero, ¿acaso podría haberlo evitado? 
Me duele este sentir que es y no es al mismo tiempo, palabras en mi boca antes del verano. Y tan cierto era entonces como lo es ahora, que si de alguien me enamorara, aún no comprendo (y me angustia) por qué, sería de ti. De ti, sólo de ti. Te he encontrado sin que me encuentres tú, como en las mejores historias. Y seguramente ni me encuentres. Quizás haya saltado yo de otras páginas que se traspapelaran por mala suerte una mañana de Enero, en la cafetería de la Universidad, entre un croissant y tostadas, o mi café de media mañana.
Unas comentarios amortiguados suenan unas cuantas mesas más atrás. Está empezando a chispear. Aparto, de nuevo, todas estas reflexiones. Me pesa la profundidad y alcance de esta supuesta obsesión. Ni te has percatado, digo. Oh vamos, concéntrate, ¿no lo está haciendo él?
Media hora, y luego una. Y luego tres. No he podido evitar dirigir mi mirada hacia la suya varias veces, todas aquellas que se ha levantado. Aún recuerdo ese último encuentro aquella primera semana de Noviembre, cuando te acercaste a comentar a esa supuesta compañera que había una chica que no te quitaba ojo. Me sentí ipso facto identificada con ella, e inexplicamblemente amenazada. El sabor de las sensaciones del principio volvían como un cometa a mi frontal-parietal. Cosas del cerebro reptiliano.
Y pasan cuatro, cuatro y media. Se acercan las ocho y mis vísceras están exprimidas hasta la extenuación. Recojo las cosas y, relámpago, echo una mirada furtiva a su sitio.

Se ha ido.

El teléfono sigue parpadeando con sus llamadas de atención. Las notificaciones han subido, pero la tuya permanece intacta, a la espera de mi respuesta. "Baja", te contesto. "Me voy a casa". Por fortuna ya te he avisado, sin saber todavía lo que me esperaba, de que estoy poco receptiva a los afectos (los tuyos) esta tarde. Que si las hormonas, que si el tiempo. Que si la nostalgia. Todo eso que siendo verdad es una triste excusa hacia la desconocida respuesta final. Desde la ventana puedo ver golpear la lluvia sobre los cristales. "En realidad me golpea a mí"
"¿Estás bien?", comentas, como si fuera a decirte por qué no lo estoy. "Te veo un poco pocha". Y qué feo te queda el pocha.
"Un poco, no sé", me escudo entre la muletilla perfecta intentando no tropezar con los escalones. "Estoy cansada, necesito dormir". Me miras directamente a los ojos, inquisidor. Yo empujo la puerta hacia las dagas congeladas de Diciembre.
Me cruzo con su mirada. Con la de él. Fuma un cigarro de liar con unos cuantos amigos, también los conozco, claro está. El contacto es breve. Lleva la mochila puesta y seguidamente, relaciono, se irá a casa. Aparto la mirada hacia un lado con brusquedad. No, no quiero estar ahí fuera si también está él. No podría soportarlo, siento que me sobrepasa la impotencia. Siento que me sobrepasa la rabia de su indiferencia, de su distancia insalvable. 
"Vámonos por ahí", salto, sargento de hierro. Tú obedeces con alegre ignorancia. El frío apaliza sobre tu anorak, y recuerdo que no te he dicho cuánto me disgusta.

Porque me quedo. Ahí atrás, de donde nos hemos ido.
Porque me quedo en mente y alma ahogada entre las dudas, entre el imposible. 
Atrapada en el lodo de mis ansias por interesarle.

12.12.2014

n-sima

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Hablaría de equivocaciones en negro azabache, como toda estas veces anteriores. Esas decisiones oscuras, carbónicas y de ultratumba. De las que sumergen en la más profunda de las tristezas. Pero a quién quiero engañar, por Dios, ¿tristeza? Ésto no es tristeza, son las manos de Liszt por vez enésima, acariciando mi corazón en forma de teclas del pianoforte. Pero a quién engañar, pues. A los demás y no a mí misma. Suficientemente madura como para asumir que estás repitiendo los errores que padeciste hace un par de años, porque eres el bote salvavidas de todos ellos. Y ojalá pudieras con todos, y echar a nadar con la furia y potencia de doscientos reactores de fusión nuclear, de correr y hacerles el boca a boca, y abrazarlos, y cogerlos, y besarlos uno por uno, y hacerles el amor. Tropezar ligeramente con las sábanas de los instintos, sin más. Cumplida la misión, y volver a comprobar si sigue ese sentir-no sentir, dualismo de mis andares.
A veces, bueno, siempre, me da por reflexionar. El no se qué, el sí y no, el podría ser que esta fuera la buena estando segura que al chaval del fondo le dejarías que te arrancara la ropa a mordiscos. Y podrían ser, sí, exacto, lo mismo dos que diez. Pero los lazos se enredan en las muñecas, y los saltos y piruetas se complican, se limitan. La frontera. Un paso, ¡no! Paso en falso. Atrás. Media vuelta. ¡No saltes! Cerrado. Prohibido el paso. Corre. Miedo, izquierda, derecha, al frente, plie, tirabuzón, mano sobre la ¡fuego! cintura ¡espejo! Los cristales. El mármol. Sangre. ¡Huye, pequeña bailarina! Viento, viento, viento, viento, viento. Hojas. Las puntas de ballet, yo prefería Wagner. Estallidos, primero en sol mayor, y luego cohetes. Primero estrellas, y luces de neón, y luces de motel, y luces. Me duelen las piernas, se desmoron el patio de butacas. Gritos. Descuarteto de faringe. Adiós, te quiero, no, no me quieres, adiós. Giras. Te giras. Dame la mano. Suéltame. Suelta. La boca. Del. Estómago. Dámela, nunca, que me la des, ¡apártate sucio!, me eres tan indiferente. Bolshói. Frío. Las dagas, las damas, el ajedrez. Yo también querría jugar, redoble de tímpanos, el café de las cuatro y cuarto de la mañana, el susurro a hurtadillas en el baño del centro comercial, la feria de Navidad a la que no hemos ido, ni iremos, ni fuimos, ni todos los tiempos pasados y pluscuamperfectos. El olvídame que repetí por trescientas veces y que nunca escuchaste. Las lágrimas de quien nunca ha sabido amar siendo correspondido. Dules. Dueles. Dueles como la niebla en el camino.
Dueles como las notas que no me salen interpretar, porque no sé sentir si no es para hacerme mal.
Por vez enésima.

12.04.2014

Pauler

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El volumen del televisor estaba exageradamente alto. No era capaz de concentrarse y las jaquecas acechaban en ambos parietales. De fondo se escuchaba, a su vez, un ténue hilo de voz del más rebelde de los Gallagher y su himno más cantado en el noventa y cinco.
Se arrancaba, con paciencia, las escamas de una herida. Le dolía, no dejaba de decirse, intercalando impulsos de apartar sus palmas de un momento a otro. Pero al igual que con el resto de yagas, Paula disfrutaba y se asqueaba a partes iguales del placer que le suponía la autolesión, aún a niveles tan insignificantes que quedan reservados a los infantes más estúpidos. Autolesión, autolesión. Se relamía las sangrantes plosivas y nasales de los labios.
Qé tendría de especial aquel jodido y asquerosos programa de televisión. Es más, qué tenía de especial la televisión que no pudiera sustituirse, fácilmente, por una larga sesión de estudio matemático. Por ejemplo. Aquellas eran las reflexiones que le quitaban el sueño por las madrugadas, literalmente. Ya llevaba diecisiete (4k+1) en una terrible encrucijada entre el análisis numérico y los métodos de resolución de integrales de variable compleja, sin ser capaz de soltarse de su querido y siempre admirado Laplace. Cómo abandonarse sin sus residuos y sin su deliciosa transformada, suspiraba, entrecomillado de ecuaciones. Podría probar ese salto finito, ese límite Dini, Dini-Dinovski, hacia las integrales de Fourier. ¿Segura? Bueno, con operadores lineales, sí, podría funcionar. Podría resultar interesante, sumergirse en papeles y cientos de apuntes garabateados de ejercicios. Soluciones previsibles, quizás irresolubles, quizás no. Pero siempre reconfortantes. Porque no nos olvidemos, que a la pequeña Paula le perdían las Matemáticas y sus truncados caminos porque, al fin y al cabo, todo es posible siempre y cuando encuentres el teorema adecuado que te lo resspalde. Con gente como Gauss o como Euler, ¿qué respuesta vas a encontrar en oposición a tus causas? Cero. Nulo. Trivial.
Porque no olvidemos, una vez más, que Paula tenía miedo. Miedo de los monstruos debajo de la cama, dentro del armario, fuera de su habitación, dentro de sus aulas de estudio. 
Dentro de su corazón.

10.31.2014

Ven

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Fóllame en estéreo, voy a lamerte entero hasta distorsionar tus gemidos. Ven, ven, destrózame, arráncame a mordiscos, lánzame sobre la almohada, mátame a placer. Te huelo, te rozo, te siento, te dibujo sobre la piel con los labios. Estoy famélica y hambrienta, hoy me lanzaría sobre tu boca y me enredaría sobre tus piernas. Me susurro que ésto no es lo que buscas, que debería ser más condescendiente. Que podría aguantarme las ganas y los placeres, el subconsciente del que hablaba Freud. Pero me quema este egoísmo y me quema esta lujuria y me quemas, totalmente, y yo qué sé. No me desinhibo de tus líneas de campo magnético.
Ven, y fóllame, y córrete, y jódeme, y entre alcohol y oscuridad gemirte hasta explotar.
Ven ven
Ven
   Ven.


10.10.2014

Teledirección

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Hoy me ha dado por recordar, como si no fuera la costumbre. No en realidad. Seré sincera conmigo misma, he superado la vasta colección de nostalgias que me anclaban en un pasado, sin saber si este dolor no es peor aún que el anterior. Lo evidente, lo reciente, lo inmediatamente experimentado es lo que resulta más real y tangible, como dicta la lógica. A los que bebemos del dolor de los tiempos pasados (siempre y sin duda mejores, así, por norma) nos cuesta algo más darnos cuenta de esta verdad. Somos los pequeños monarcas del melodrama, aunque intentemos (los menos) alejarnos de esta actitud repulsiva. Se nos escapa, qué se le va a hacer.
El cielo era hoy un manto de violetas y tornasolados pasadas las siete y media de la mañana. Lo que más adoro de haber vuelto a la Universidad y a la rutina (que es todo) es la pereza con la que el Sol amanece desde los primeros atisbos de octubre. Superar el verano es conseguir no haberme arrancado las entrañas en los aproximadamente tres meses que dura, lo cual no os haga dudar que es un auténtico logro. No esperéis menos que escucharme disfrutar de todas las nimiedades y pequeñeces que el día a día ofrece. En fin, que en ello estaba, ensimismada en el estado reflexivo matutino, y pensé en Londres. Se me ocurrió Londres, como podría haber sido París.
Pero era Londres. Porque Londres es mezclarme entre los poros de la felicidad opípara, desmesurada del único verano que realmente valió la pena, que me enseñó la huella de los ¿amores? fugaces que no llegan a materializarse, a la real necesidad y paz de vivir sola, en un apartamento, a aprender a escaparme y sentir la adrenalina serpenteando por las palmas de mis manos. A sentirme amiga de otra gente y parte de un círculo de personas. A quererme y despreocupare, a reilusionarme con algunos muchachos.
Y él, en mi memoria, en mis mensajes.
En mis llamadas.
En mis ganas de verle, de no saber qué sentir, de la inicial confusión del skinny love que tanto odio leer en las redes sociales pero que es tan real como la vida misma.
Y entonces sonrío entre dientes, sabiéndome que tengo de nuevo la oportunidad, dos años después. Dos años que han dado de sí y me han madurado.
Quizás le haya echado de menos cada uno de estos días por parecerme inalcanzable,
pero joder,
aún me salta el corazón si le veo.
Y creedme si os digo que si me dijera ven, como al principio de este blog comentaba, yo iría. Sin pensármelo. Me lanzaría por el precipicio después de setecientos veinte días de espera, por resolver esta curiosidad sin respuesta.
Pero, por favor.
Dime ven.

9.28.2014

Ya lo verás

1 comment:
"Siempre se vuelve a escapar, ¿no ves que está mal?"
Y sea cuarta, o quinta vez,
ella lo vuelve a jurar.
(noche azul) ♪ ♫

9.26.2014

Insomnia

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El hormigueo de las termitas del insomnio; las cosquillas que trepan, casi deslizándose, sobre el antebrazo. Tic, tac, tic, tac. Compás de tres por cuatro en andante moderato. La alegoría del equilibrio emocional de los funambulistas.
Y yo me confieso entre susurros si no estoy, bueno, un poco enferma, un poco dañada, un tanto muerta. Si las puertas de (mi) percepción no se habrán astillado por los módulos de flexión, y etcétera. Los juegos de absurdos, me he dejado llevar mucho tiempo por lo lógico en esencia y cortado con lo emocional. Ahora me duelen las siete conciencias del hipotálamo por apartar a mis amistades, por revolver las entrañas con tal de no beber ni una copa, o hacerlo hasta ensangrentarlas. No sé si esto no es al fin y al cabo la autodestrucción que tanto amé cuando era inconsciente. Creo que todo parecía menos trágico en fotografías de muñecas pálidas.
Las dudas son mi golosina favorita, cambiando de tema. De mí qué sería sin joderme la existencia con inseguridad, efectivamente. Me gusta apoyar la nuca en el reposa cabezas y divagar sobre la posibilidad de pisar con fuerza el acelerador y acabar con este suplicio innecesario. Pero claro. Claro.
Claro, todo.
Claro, las personas, los objetivos, las metas, el camino es en realidad importante, las amistades, las oportunidades, la carrera, lo que has visto, el chocolate, las cosas que echas de menos, los países que deseas visitar, el veganismo,
la vida en sí, 
el todo,
el me odio profundamente.
Por qué no me dejáis que me consuma.

9.13.2014

quiero ser

No comments:
No me gustan más las Matemáticas que la Literatura,
lo que me maravilla es el ingenio, los mecanismos mentales de las personas que
relacionan tanto lógica como experimentalmente
los sucesos y sucesiones
y lo convierten en arte
con números.

8.22.2014

72

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Estoy en ese instante en el que no sé si echo de menos a mis amistades porque de verdad son personas a las que quiero, o porque simplemente en algún otro momento las tuve más cercanas a mí que en estos últimos tiempos.
El ser humano es un ser emocional, un ser que se cría y crece dentro de unos valores acordados entre todos los individuos de una comunidad, bien sea así un país, una ciudad, o simplemente un círculo de semejantes afianzado con el paso de los años. No se puede negar la necesidad, porque es necesidad, del contacto entre las distintas personas en la vida diaria. Podría asegurar que, tras vivirlo en carnes, la prolongada falta de vida social, digámoslo así, desenlaza en un principio de depresión por falta de los estímulos propios de la convivencia. Los niveles de dopamina y oxitocina se minimizan absolutamente, y comienzan los primeros efectos de la conducta marginal, como puede ser dolor de cabeza, intereses restringidos, inflexibilidad cognitiva y comportamental, restricción de la prosodia, carente empatía, automatización de las tareas o actividades, desgana por la rutina habitual, nerviosismo, impaciencia, falta de sueño o sueño excesivo, irritabilidad, y en algunos casos trastornos de ansiedad y/o trastorno de depresión (mayor o menor en función del tiempo y las características de cada individuo). Por otro lado, esa precisa falta de comunicación y convivencia entre humanos, el progresivo aislamiento, provoca un deterioro de la inteacción social y de la capacidad de realizar atribuciones de estados mentales a uno mismo y a los demás, asimilándose a una especie de autismo autoimpuesto en el que el implicado se sumerge progresivamente en un mundo personal inaccesible para los demás. En ocasiones el individuo es consciente de su actitud, y suele debatirse, indeciso, entre seguir con su martirio personal o torpemente volver "a estar como antes". Quizás este proceso mental sea el que lleve más a error, al proponerse volver a un estado que ya no existe y que dificilmente puede volver a alcanzarse. No tanto por uno mismo, sino también por el resto de personas, amistades y familiares, que al contrario de él, han seguido con sus vidas sociales y han continuado adaptándose a los distintos cambios que han ido planteándose. Es como intentar detener un tren que está en marcha a trescientos kilómetros por hora: es posible, claro, pero podría haber sido más fácil detenerlo cuando veías que iba a ciento veinte. Habría que dedicarle más tiempo y esfuerzo, teniendo en cuenta que hay además un riesgo mayor de accidente o de fracaso en nuestra empresa.
Otros individuos, sin embargo, no son conscientes de las consecuencias o los pasos que están siguiendo con su conducta aspergeriana y se ensimisman en una realidad parcial y absorbente creada por ellos mismos. Suele estar motivado por el estrés, el trabajo, situaciones exigentes en los estudios o el deporte, siendo propensos aquellos que tengan cierta personalidad pasional, perfeccionista y minuciosa en sus aficiones o trabajo.

Y quizás sea yo, por ejemplo, el último de estos casos; que conociendo la condición humana, su sentido social e individual, habiendo estudiado los diferentes trastornos de personalidad y tratando en profundidad con sus duelos, sentimientos, emociones, pasiones... Sigo sin saber cómo comportarme, cómo sentirme. Más vacío, sin darse el caso de un vacío incómodo, de los que retumban en los aularios vacíos. Las paredes no gritan con su eco, es una sala blanca que respira tranquilidad. Es un mar de nieve mullida.
Pero y si no es nieve.
Y si es hielo.
No sé si es hielo.

Prot June 27

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Jonathan se llamaba Jonathan y odiaba llamarse Jonathan, como odiaba la menestra de verduras y levantarse antes de las diez los sábados en invierno. Hubiera preferido un "John" o un "Jack", o cualquier nombre de esos europeos que le sonaban tan exóticos. Pero no. Jonathan, en el puesto número quinientos veintisiete de popularidad. Puede parecer algo nimio y estúpido, y sin embargo siempre le supuso una pesada losa para su ego. A su nombre le achacó su carente carisma para dominar al público de los partidos de rugby, un repelente natural de mujeres y unos cuantos suspensos durante los dos últimos cursos en el instituto. A Jonathan le hubiera gustado ser una estrella mediática nacida en los suburbios, alimentado a base de alcohol, cigarrillos y mal de amores. Una especie de superhombre de estética alternativa y estatus alfa. Sin embargo, de lo único que podía fardar era de vivir en el mismo barrio que Harry Potter, en Privet Drive.
Descubrió por experiencia propia que repartir tarjetas de visita entre sus "conquistas" no era el mejor modo de atraer mujeres en un club nocturno, pero apenas surtían tampoco efecto sus movimientos de caderas en las pistas de baile. Ni sus miradas pícaras. En un arrebato de desesperación, el muchacho se decantó por empaparse de la sabiduría popular encerrada en la "Cosmopolitan" y estudiar con detenimiento las seis temporadas completas de "Sexo en Nueva York". Desistió después de que le arremetieran con un "Lego Clutch" de Chanel tras una propuesta que incluía "donut" y "sexo oral". Nunca lo comprendió.

7.16.2014

Yo, Claudia

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Me siento sola y me siento perdida. Me siento insegura, est vez no es vacía. Sentirse vacío es algo más allá de lo sentimental, es una carencia de rumbo en la vida. Si no se me dieron demasiado bien las decisiones, hoy (estos días) más que nunca (más que en todos estos años anteriores) me parece que estoy al borde de un precipicio. No creo que se arregle, ni pueda consolarse. Ya lo estaba comentando mi hermana, escojas lo que escojas vas a arrepentirte de tu decisión final. Y bien, es cierto, porque lo que me espera en estos nueve meses que tengo por delante van a superar la mayor de las torturas psicológicas por las que he pasado. Es obvio, se me van a deshacer los nervios y me hundiré por completo en las lágrimas de impotencia, de no cumplir las expectativas, aunque ya me proponga y descargue todos los cursos posibles. Me superará, estoy segura. Y aún así, a pesar de los temores, sigo queriendo y esforzándome en hacerle frente a la realidad, por intentar y desvivirme en igualar (simple, simplemente igualar) al resto de mis compañeros.
Me siento pequeña, me siento insignificante. Estaba en lo cierto, fuera quien fuera, el que comentó que cuando mejor se escribe es cuando se arrastra la moral y se tiene el alma herida. No me he considerado alguien sobrenatural anterormente, ni con los mejores resultados académicos. Ni siquiera con matrículas de honor ni todos los halagos por parte del profesorado. Pero ahora no es falta de consideración. No. Más allá de la perspectiva introspectiva, es totalmente objetivo que no estoy a la altura de la situación. Mis compañeros, que no obtuvieron resultados tan brillantes ni tal cantidad de condecoraciones, superan el curso a duras penas pero con resultados que hacen justicia con la dedicación a la asignatura. Algunos de ellos, incluso, por encima de lo esperado. Pero, ¿son capaces de recordar acaso algo de lo que han estudiado? ¿Podrán resolver de nuevo alguno de esos problemas que tantos dolores de cabeza nos trajeron? ¿Sabrían aplicarlo, incluso, a sus dudas reales? Demasiadas preguntas y respuestas no particualrmente trascendentes. ¿Por qué? Porque a pesar de ello, no me servirá de consuelo. Ellos lo han superado. Tú, no. Tú te has quedad corta en prácticamente todo lo que emprendiste. Es maravilloso conocer, fascinarse, empaparse de esa teoría, entusiasmarse con cada una de las definiciones, aplicaciones, prácticas y teorías. Emprenderla con los ejercicios como si fueran pequeños universos por descubrir, como si observaras con un telescopio el firmamento.
¿Y? 
Ahí tienes el resultado. No es que sea malo, pero claramente es insuficiente. Y es insuficiente a pesar de que, casi con seguridad, seas la persona que más interés y emoción hayas puesto en las asigntauras.
Porque es posible, tan posible, que no estés hecha para esta carrera. Seguramente, y tan seguro, ni la termines con un expediente tan brillante como te gustaría. Pero, ¿es que acaso no sabes expresarte? ¿Tienes un potencial oculto?
O es que es algo tan obvio y elemental como que eres así. Mediocre. 
Otro más.

Me odio.

7.13.2014

1461

No comments:
Tengo miedo. Tengo angustia. Siento ansiedad; y dudas, las siento.
Me preocupa otra vez, pero con un matiz distinto, el problema que viene siendo habitual desde hace casi cuatro años. Mil cuatrocientas sesenta y una losas marmóleas, luces incandescentes en el cerúleo de mis diecinueve. Un resquebrajo. Clac, clac. Clac.
Ya son tres. Como Pedro, yo también me he negado tres veces este bombeo sospechoso de después de abrir los ojos. Mirar el reloj y que no lleguen las seis de la mañana, también es dolor no poder dormir más de cinco horas desde hace meses. "Todo son números", entrecomillado mental, "me definen los números".
Bajo los párpados con amortiguador. He tenido la suerte de recuperar un libro que dejé a mitad hace tiempo (el del principio), parece que su lectura me sana las llagas del pensamiento. Y espíritu, quizás. Tras tanto escepticismo y vacío anímico, recuperar la ilusión por lo místico y metafísico es un bálsamo del alma. Lobsang Rampa está consiguiendo por mi equilibrio más que la humanidad, en el sentido de actitud y flaquezas propias al ser humano, todo este tiempo atrás. Saldré ahora ermitaña.
Pero algo curioso está pasando con el retorno a las descripciones tibetanas, y es que en contra de lo esperado, mi subconsciente juega a las disertaciones del corazón, no del ascetismo. Y son tres, como las negaciones, los sueños que enturbian al despertarme. 
Suenan las cigarras. Rascan sus patas, el verano está ahí fuera y yo escondida tras las persianas. Todos duermen, nadie se levanta. La garganta me sabe a una sangre que más que sangre es bilis púrpura. La botella de agua, el café, el té, las pastillas, el nervioso, el sindormir, el sindescanso, el sinvivir. El sinsentir. Mira, la publicidad de las pizzas que no quiero comer, quiero ser vegana, quiero ser vegana pero me cuestan hasta las razones, también unas piernas más delgadas y las ojeras difuminadas. Mulán.
El primero fue hace una semana, sin duda. Me desperté con un sobresalto y las sábanas empapadas de sudor. Era aquel chico con el que tuve y no tuve algo hace un par de años. Eran sus caricias en el sofá de aquel apartamento inglés, los dos solos, como entonces. Las cervezas del supermercado, amargas, ácidas, burbujeantes. No podía dejar de mirarlo y se me encendían las mejillas, y las manos, y el vientre, y las piernas, y la respiración. Y sobresalto, y sommersalt. Se esfumó.
Y me asusté.
El siguiente fue hace tres noches, podía palpar la realidad onírica. La sorpresa es que fuera tan cercano, y tanto deseo escondido en sus labios, en sus pasos, (carencias poéticas, ustedes disculparán), en que se acercara y me recorrieran los nervios por la espina dorsal. Que me estuviera hablando no era lo excitante, sino que despertara en mí emociones de tanta intensidad.
Y me asusté.
El tercero ha sido esta noche, y casi me ha dolido, siendo sincera. Cómo no va a doler recuperar a aquel asesino que apareció hace ya tantos años en una de tus ensoñaciones. En aquella ocasión, estábamos en mi antigua casa de veraneo, una especie de piso con tres habitaciones, una cocina y un salón no demasiado amplios. Nos estaban sometiendo a extorsión y tortura por una serie de pruebas que debíamos superar, y entonces llegó. Vestia entero de negro, era alto y delgado, bien definido, sin embargo. Tenía la expresión de contínuo interrogante, algo de soberbia se dibujaba en sus comisuras. Las facciones eran duras, pero sus ojos delataban cierto magnetismo. Recuerdo armarme de valor y conseguir que se diera media vuelta al hablar con él, tragándome el miedo pero también esa atracción-repulsión.
Y esta noche volvió, como si tuviera que cumplir de nuevo con sus obligaciones. Se me paró el corazón durante unos segundos porque podía verle, podía recordarle, podía reconocerle. Podía sentir el sudor frío y la sangre bajo la piel. Él también me recordaba.
No me cogió de la mano, nadie nos había visto. Me llevó a una de las habitaciones y nos tumbamos en la litera superior. Me miraba, me respiraba. Yo también podía respirarle. Sentía que iba a estallar por dentro y preferí darle la espalda, destrozada y confusa. ¿Qué me ocurre? Y empecé a notar sus besos en la nuca, y en el cuello, y sus dedos aventurándose por mi espalda y el abdómen. Sentí como subía hasta el pecho con sus caricias y no me importó. Tragaba saliva.
No podía estar sucediendo, pero sí. 
Y tenía miedo, sentía miedo. De sentir.

Se fue al cabo de una hora, sin sangre en sus manos.
"Al final vas a ser una leyenda".

6.11.2014

71

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Y quién me abrazaría a mí.
A mí nadie, porque no quiero. A mí nadie, porque prefiero esperar sentada a que algún loco perciba que me siento sola. Porque me siento sola. Aveces Sola. Y me gustar ser Aveces, porque Aveces no se preocupa de la realidad ajena, le gusta el té a todas horas y mirarse al espejo (a veces).
Pero cuando miro los cuadernos, cuando miro los dibujos, cuando miro los bolígrafos esparcidos por el escritorio. Me asomo por la ventana, han pasado las tres de la mañana y no consigo conciliar el sueño. Llevo cinco días encerrada sin pisar el asfalto ni mover las piernas, lo que significa, en pocas palabras, que ya vuelvo a odiarme. Que ya vuelven las intenciones suicidas y la repugna hacia mi piel. Pero cuando miro las fotografías con chinchetas, las entradas de cine de hace tres años y medio, las vitaminas para seguir estudiando, el cepillo lleno de pelos: se me cae el pelo.
Se me cae el pelo.
Se me cae
el
pelo.
Y en una esquina las anotaciones para los exámenes, unos cuantos céntimos sueltos para la máquina de café. Los sobres de Pompadour, qué puta mierda, qué malo que está. Bajo la cama las sábanas y los apuntes, inútiles, como yo. FR8712 /U94FFL. Valencia 27 de Junio Sala Wah-Wah. Apertura de puertas 21:30 H. La Pyramide du Louvre. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontranos. Línea de tierra: || a la proyección frontal, se mantienen las alturas. El problema antropológico en la concepción filosófica de Gottfried Wilhelm Leibniz. Transesterificación.

A veces me siento como un violín de plástico.
A veces me siento como las ruedas del tren chirriando sobre las vías.

6.09.2014

Ducha

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Me duele existir últimamente.
Me va a doler dormir
sin querer matarme,
sin querer lanzar el puto móvil
por la ventana
y arañarme.
Me duele no ser dócil,
una puta fulana
que no deja a nadie
a menos de tres metros de distancia
de su autodestrucción,
"yo soy yo y soy yo y soy yo
y soy yo y mis circunstancias",
es el sermón
de mañanas y tardes.
Me duele no meterme
en la ducha y sumergirme
y no permitir erigirme
y ahogarme sin molestar.
Y me jode, porque me jode
existir, pero desde siempre,
desde siempre que recuerde
que aún puedo respirar.


6.08.2014

70

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Y vuelvo como vuelven los péndulos, en un vaivén sinusoidal. En silencio.

Ortega y Un Mundo Feliz.

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Ortega reflexiona en "Meditación sobre la técnica", en especial cuando va acercándose al final del texto, sobre las consecuencias de la técnica en la sociedad, esa técnica que ha elogiado a lo largo de s obra y a la que le da, ahora, un enfoque negativo: ¿Puede la técnica deshumanizarnos? ¿Esclavizarnos? Y sobre todo, ¿puede separarnos cada vez más de nuestros orígenes y desvirtuar la sociedad en un futuro? Estas reflexiones con las que acaba me lleva a relacionarlo con una obra muy peculiar: "Un Mundo Feliz", de Aldous Huxley.
Al poco de sumergirnos en la lectura de "Un Mundo Feliz", nos vamos percatando del tipo de sociedad futura que se nos pinta: Un mundo programado donde todos los seres humanos se "fabrican" in vitro a medida de las necesidades sociales. Las clases sociales son fijas (desde Alfas hasta Epsilones), y cada persona nace para trabajar en sus tareas propias y para ser feliz haciéndolo, sin cuestionarse nada ni tener más pretensiones que ser quien le ha tocado ser. El tema de Un Mundo Feliz no es el progreso de la ciencia en cuanto afecta a los individuos humanos (tema en el que se centra Ortega), sino que va más allá, centrándose en los que entrañan la aplicación a los seres humanos de los resultados de la futura investigación en biología, psicología y fisiología, pues la técnica en estos ámbitos será la que afecte de un modo más decisivo al ser humano. La técnica modificará, por tanto, la sociedad, creando una jerarquía pautada por tu origen.

Por otro lado, uno de los pilares de la sociedad es la economía basada en un consumo predecible y programado. Esta es la base esencial. Deportes caros como el "golf de obstáculos", que requieren equipamiento, forman parte de las actividades de ocio habituales entre el condicionamiento de los ciudadanos de Huxley. Se emplean sofisticados condicionamientos con castas bajas, haciéndoles odiar el campo, el aire libre (para que no les guste pasear ni retirarse gratuitamente), pero se les hace adorar los deportes asociados al campo. Esto hace que únicamente puedan disfrutar de la naturaleza de un modo asociado al consumo, a considerar la sobrenaturaleza como la única naturaleza, la auténtica, y a rechazar sistemáticamente su predecesora.  Éste sería uno de los aspectos que reflejan la pérdida de los orígenes, de la Historia de la que habla Ortega, y de cómo la técnica nos ata y esclaviza, llevándonos al consumismo propio de nuestros tiempos, y del siglo XX en general. ¿No es el consumo el motor de nuestro tiempo? ¿No se nos pretende condicionar, por todos los medios posibles, para que nuestra felicidad, nuestras necesidades, nuestros sentimientos, nuestro trabajo... En fín, para que todo esté relacionado con el consumo?

Por último, destacar la última de las consecuencias de la técnica: la deshumanización. En "Un Mndo Feliz" está muy patente, en especial con el contraste entre la figura de El Salvaje y Lenina. El sexo grupal, la promiscuidad, la ausencia de relaciones de fidelidad ni de amor a una persona, conforman otro de los pilares básicos de esta sociedad. Las relaciones filiales, en esta misma línea; los "padres" y "madres", son algo obsceno, fuente de frustraciones y de imperfección educativa. O también que todo el mundo es mantenido joven hasta que es matado sistemáticamente. Y como todos están condicionados para aceptar este hecho, pues no pasa nada. El Salvaje representa la vida en la Reserva, que ha mantenido la "humanidad" característica del ser humano: el odio, la castidad, el romanticismo, el amor puro... Lenina, sin embargo, es la encarnación de la mujer media en la sociedad de "Un Mundo Feliz". Su "condicionamiento" le impide comprender al Salvaje, pues ella ha sido criada en unos valores distintos que critican la humanidad propia de su amigo. ("Cuando el individuo siente, la comunidad se resiente", "Con madres y amantes, con las tentaciones y los remordimientos solitarios [...] no es de extrañar que sintieran intensamente las cosas y sintiéndolas así, ¿cómo podían ser estables?")

Podemos extraer, por todo lo dicho anteriormente, que "Un Mundo Feliz" encierra en sus páginas la distopía que engloba las desventajas del avance de la técnica, desventajas de las que habla Ortega en su Meditación, y que puede que estén más próximas de lo que imaginamos.

5.25.2014

69

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Me aferro como una estúpida a la cuasi imposible posibilidad de que te fijes en mí del mismo modo que, cada vez que nos cruzamos-coincidimos-miramos, yo lo hago.
Y realmente me encuentro como una inquilina indeseada de tu piso, la presencia de un niño que observa con inocencia cocinar a su madre. Así, aproximadamente, y nuevamente estúpido, es que hasta pretenda cambiar por ti. Que la intención me nazca. Porque apenas nos conocemos, y por apenas ni nos hemos presentado. Pero encontrarme tan perdida desde hace meses sólo me incita a buscar en las comisuras de otros, aunque luego, y por desgracia, no sea nada lo que desee más allá de eso. Y te conviertes en la Marion Cotillard de unos pocos ilusos, mientras otra vez vuelvo a buscarte en los jardines de la Universidad, las mesas de los cafés, los pasillos de la escuela.
Es triste este amor que no es amor y a la vez es algo.
Me duele quererte sin quererte lo más mínimo.