4.01.2014

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Y ésta se trataba, también, de un incendio de nieve. Pero no como los de ciertas canciones de terciopelo. Aquí llamábamos incendios a las vestales suicidas, mujeres castas y puras como el algodón, inalcanzablemente etéreas, que por aquella pálida tristreza acababan consumidas en sus propias penas, pequeños fénixes árticos. Mujeres jóvenes y delicadas como habían pocas, pero dificiles de pasar por alto. No se dejaban ver. Los cuentos las definían como elfas con el fin de darle una explicación a aquel aura de secretismo que rodeaba a las inaccesibles vestales. Pero en realidad no eran más que una congregación mística formada íntegramente por doncellas de conciencia más limpia, más transparentes, más cristalinas. Algunos hablaban de que las chiquillas desaparecidas a edades muy tempranas eran en realidad secuestradas por las vestales y cuidadas bajo su manto de protección. No pocas de ellas habían sufrido malos tratos por sus padres o sufrían rechazo social dentro de la comunidad. Quizás otra absurda explicación, otro cuento.
Aquella mañana era Abril, el primerísimo de Abril. El cielo, encapotado de nubes blancas, dolía al mirarlo directamente, y en breves estaba claro que empezaría a llover. Durante el invierno lo natural eran los chubascos frecuentes, siendo habituales las inundaciones o los desbordamientos de los ríos cercanos. Pero ese año las lluvias parecía que se habían ausentado, lo que redujo sustanciosamente los días de asueto de los pescadores y sí el aumento de la producción de la comarca. Afortunadamente para ellos y muy desafortunadamente para los agriculturoes, que esperanzados con que se tratara tan sólo de un retraso o una sutil anomalía, se toparon de bruces con sus terrenos yermos y estériles, llorando y rogando a Dios para que por favor tuvieran algo que llevarse a la boca.
Nadie los escuchó.
Sin embargo, las esperanzas de los campesinos fueron pronto escuchadas, a finales de Marzo, con finas lluvias diarias durante dos semanas en contínuo. Ahora que ya había dado por concluido (o eso parecía) el Diluvio Universal, la comarca se preparaba con grandes ánimos y esperanzas los festejos propios de la primavera que tantos meses habían trabajado.

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